.....................................a Lucia ....................................(que más que Maga es diosa, .................................... una diosa “chiquitita”, .....................................pero diosa al fin) “han vaciado al mundo/pronto nena llena el hueco/inventa un dios/” verdebosque-fuegogris-spi netta Esperar que las cosas sucedan, es decir que tan sólo sucedan, es como esperar a la muerte. Puede que suceda ahora mismo, enseguida, después o en años. En cualquier caso ya es tarde. La súbita intervención de los espíritus en las contiendas corporales, para no decir materiales que queda tan feo, no sólo defenestra de nuestra conciencia esa “antigua” costumbre de saber lo que va a pasar, sino que además, y eso es lo bueno, engendra los tan mentados territorios de los que me hablaba Andrés. Esos territorios que se engendran con las presencias y que perduran aún después de ellas y hacen de sus ausencias su lait motif . La palabra hecha canción o hecha emoción. Aún estando lejos uno los siente, y qué tanto que hasta duelen o te hacen reír o ambas cosas, sin saber bien que es...como ahora. Esperar al otro, y que el otro...nada, es como la muerte que llega sin decir mucho. Y es que a veces no esperamos mucho del otro, si no apenas algo que lo diferencie una pizca de la muerte y que con eso, que “casi” no es nada, nos cree un universo tan inmenso que el otro ni cuenta se da y hasta cree que es un chiste y se ríe. Y uno, para que el otro no se de cuenta de su poder creador, ríe también... y se calla. No es necesario más. El milagro ya sucedió y no hay dios que nos salve de creer otra cosa. Los temerosos nos aconsejan esperar. No intervenir. No arriesgar nuestra pizca de dios. Lo hacen porque saben que los territorios no se engendran en vano y que para solventarlos no alcanza con esa pizca de algo, que en definitiva no es nada, y que después...ay después..., cuando el universo es tan creíble como inevitable, las facturas llegan gordas. Pero qué hacer cuando de pizca ya se hizo universo y nuestra súbita presencia se engendró en vaya uno a saber que terribles territorios. Qué hacer cuándo se nos desborda el alma intentando que el cielo no se nos caiga encima. Qué hacer cuándo sólo queríamos una pizca de algo y ahora resulta que ese algo nos cuesta todo un universo? PD: ...y en esta dictadura de flores que se queman sigo sacándole filo al mismo sueño para regalártelo.
COSIMO (escriba invitado)
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